Como parte de la fase final de la formación en teorías y saberes sobre la dimensión cultural de la experiencia social de los estudiantes de nuestra Maestría, se ha considerado pertinente abordar una de las problemáticas medulares del análisis cultural, tanto en el plano de las comunicaciones como en la esfera social, como es el fenómeno del Poder.

La relevancia de la problemática que plantea la relación entre la Ruralidad, la cultura y el poder ha dado lugar a que algunos intelectuales latinoamericanos (bajo la égida del Consejo Latinoamericano de las Ciencias Sociales, CLACSO) dediquen esfuerzos a tratar de comprenderla y, así, aportar al estudio de los procesos sociohistóricos de una manera integral, priorizando en la dimensión cultural y desde una perspectiva Latinoamericana.

La perspectiva desde la que se va a abordar el estudio del poder en este curso, tiene que ver con la reflexión de Michael Foucault que sigue: “Han sido estudiadas las personas que detentaban el poder. Se trataba de la historia anecdótica de los reyes. A ésta se le ha opuesto la historia de los procesos, de las infraestructuras económicas. A su vez, a esta se ha opuesto una historia de las instituciones, es decir, aquello que se considera como superestructura en la relación a la economía. Ahora bien, el poder en sus estrategias, a la vez generales y afinadas, en sus mecanismos, nunca ha sido muy estudiado” (Foucault, M. Microfísica del poder, Madrid, Piqueta, 1978, p. 99.)

Desde los estudios de la cultura es pertinente desentrañar precisamente las estrategias del poder, las tecnologías, los discursos, es decir, esa dimensión de desequilibrio en las relaciones sociales que va de lo micro a lo macro en la generación de la desigualdad. La eficacia del poder radica entonces en organizar las posiciones o lugares estructurales de lo social y garantizar de esta manera la regulación y la reproducción de orden asimétrico y contradictorio tanto a nivel micro –en la constitución de sujetos- como en el nivel macro las instituciones.

En este sentido, queda claro ya en las ciencias sociales que el poder no es una sustancia ni una esencia, sino un concepto relacional que debe ser explicado y desentrañado en cada proceso histórico y en cada contexto cultural. El poder no es algo que se pueda conseguir, repartir o arrebatar, sino que es parte esencial de la reflexión sobre las relaciones humanas en la cultura, sus transformaciones y su historia. El poder se ejerce “a partir de innumerables puntos de apoyo y dentro de un juego de relaciones desiguales y móviles” (Jiménez, G., Estado Poder y Discurso, México, UNAM, 1980).

Es en la complejidad de la cultura que el análisis de Foucault nos permite ver que “las relaciones de poder no se hallan en posición de exterioridad con respecto a otros tipos de relaciones (procesos económicos, relaciones de conocimiento, relaciones sexuales), sino que les son inmanentes en cuanto que son efectos inmediatos de las divisiones, desigualdades y desequilibrios que ahí se producen” (Foucault, La volonté de savoir, Paris, Gallimard, 1976, p.124)

En este curso, el estudiante se adentrará en la aproximación weberiana al poder como capacidad de acción, es decir, como modalidad del hacer, pero no sólo hacer por uno mismo, sino por medio de otros, la posibilidad de disponer de la capacidad de acción de otros para lograr determinados fines. El poder entonces se entenderá tanto como una capacidad potencial  que no necesita actualizarse, como con el ejercicio y práctica de esa potencialidad.

Los contenidos de esta materia se impartirán bajo la modalidad de “seminario‟ con el objeto de que los temas –eminentemente teóricos- sean trabajados a partir una reflexión que vaya de forma pendular entre la teoría y la práctica. Es decir, las tesis, conceptos y categorías se abordan a partir del análisis de problemáticas contingentes de las sociedades contemporáneas, tanto en América latina como en otras partes del orbe.