El álgebra, de brillante historia, con más de tres mil años de antigüedad, muy bien pudiera considerarse como el idioma universal de la civilización. Constituye la base sobre la que se apoya la alta matemática y es el lenguaje en que se expresan la ciencia y técnica modernas. Problemas de difícil solución a partir de un planteamiento aritmético se resuelven mucho más fácilmente si se plantean en términos algebraicos.

Igual que ocurre con los idiomas, el álgebra también exige muchas horas de dedicación antes de que el estudio pueda considerarse versado en ella. El viejo adagio de que “no existe un camino de aprendizaje corto” no es una excepción en este caso. Para llegar a “hablar” con soltura este idioma es necesario adquirir, ante todo, una idea clara y concisa de sus principios fundamentales y, después poseer una gran dosis de práctica.