El trabajo que caracteriza al arquitecto como miembro de una sociedad es su capacidad para desarrollar ideas arquitectónicas que aportan soluciones a requerimientos espaciales emanados por un usuario o grupo de usuarios. Desde ese punto de vista, es absolutamente necesario que los estudiantes de arquitectura adquieran durante su formación las herramientas metodológicas que les permitan afrontar los retos de la profesión con sobrada eficacia. Los métodos de proyecto arquitectónico son diversos, cada uno responde a situaciones específicas para la resolución de problemas, y esta situación se hace patente cuando se observa la gran variedad de caminos seguidos por grandes maestros de la arquitectura para la realización de obras edificadas que no sólo respondieron a sus requerimientos iniciales, sino que consiguieron trascender tiempo y espacio erigiéndose como ejemplos paradigmáticos en la historia de la disciplina arquitectónica. Por tales motivos, se requiere inculcar en los estudiantes de arquitectura la curiosidad permanente de aprender a aprender observando, analizando y practicando con diversos métodos proyectuales para que, una vez consolidado su papel en el proceso de gestación de una obra de arquitectura, se afiancen los vínculos con otras asignaturas en las que se explican los factores condicionantes de una idea arquitectónica y cómo se traducen a través de los elementos componentes mediante la utilización de diversas técnicas de representación.