La asignatura introduce a los estudiantes de las licenciaturas de la Escuela de Ciencias Químicas al examen crítico de aquello que vuelve científico al conocimiento científico. En 48 horas distribuidas en dieciséis semanas, el curso parte del problema de la demarcación —el límite entre ciencia y no ciencia— y recorre las respuestas de Popper y Kuhn: falsación, paradigmas, revoluciones científicas y la comunidad científica como sujeto del conocimiento.

De ahí el trabajo se dirige a la estructura interna de las teorías: qué cuenta como explicación científica (Hempel), cómo se confirman las hipótesis y qué estatuto tienen las entidades no observables que la química postula a diario. El debate entre realismo, instrumentalismo y antirrealismo se plantea desde la práctica misma del laboratorio.

La reflexión se desplaza después hacia la responsabilidad de quien investiga: el lugar de los valores en la producción de conocimiento (Longino, Douglas), la crisis de reproducibilidad, la ética en la experimentación con humanos y animales, y las obligaciones de divulgación de quien genera saberes con consecuencias públicas.

Hacia el final, el curso abre el campo a las filosofías críticas de la ciencia —feminista, poscolonial, estudios CTS y ecofeminismo— con casos situados en Chiapas: la herbolaria maya-tsotsil frente a los criterios de validación farmacológica, la contaminación del río Sabinal, el manejo de la selva Lacandona.

El trabajo en aula combina exposición dialogada, análisis de casos, debate y lectura comentada de fuentes primarias. Como cierre, cada estudiante elabora un ensayo integrador sobre un problema epistemológico o ético de su propia disciplina.

Al concluir, el estudiante distingue las principales posiciones filosóficas sobre la ciencia, argumenta con base en ellas y reconoce la dimensión social y ética de su formación profesional.